Publicado en Diario Sur, 03/06/2012

Nos hacemos preguntas en el presente cuyas respuestas las da el pasado. En estos días ando buceando en la historia antigua y en disparates cinematográficos reinterpretando respuestas que den luz al desastre económico actual. A Guindos se le nota el pánico y ya habla de “encrucijada”. El “default” del Estado es una realidad. Lampamos por transfusiones del BCE como última salvación para unas arcas exiguas que requieren un milagro, milagro al que los deudores con el agua al cuello aspiran.

La solución es “el perdonazo”, la “operación acordeón” –reducir a cero para, a partir de hay, crecer-. Un solución a la que los abogados mercantilistas apelamos cuando una empresa está en desequilibrio patrimonial y no tiene porque liquidarse, como no puede disolverse ni liquidarse un Estado. Y ¿como se llega a cero? Pues como rezaba el Padrenuestro antiguo: “… perdónanos nuestras deudas como así nosotros perdonamos a nuestros deudores …”. Un País endeudado hasta las cejas no puede sobrevivir como ninguna empresa puede reflotarse en las circunstancias en las que están. El constante cierre de empresas genera paro, el paro genera pobreza… y de ahí a la confrontación hay un paso. El Estado no puede seguir subsidiándonos.
Ante las deudas, los deudores no deben suicidarse ni los acreedores mandarles quebrantahuesos, ni a los acreedores se les puede pasaportar, porque ambas tendencias aparte de ser pecados mortales mandan a la gente a criar malvas antes de tiempo, y creo que por ahora no estamos para conflictos armados.
Me inclino más, no por las “quitas” como dicen los tibios y cursis, sino por la opción disparate, la del perdón total de las deudas.
Y se preguntarán ¿dónde hallamos esta ocurrencia en la historia? Lean la Biblia. En el jubileo. Apliquemos la antigua tradición sumaria, hebrea y cristiana del jubileo, que significa alegría (otros dicen hoy anarquía –manifiesto de los persas-). Desde la ley mosaica, en el antiguo testamento, existe la tradición de perdonar deudas cada determinado tiempo a los pueblos pobres.
Y en la historia más reciente, ¿recuerdan la película El club de la Pelea? Véanla. Brad Pitt con bombas va destruyendo los registros de crédito de las entidades financieras. En la serie satírica South Park, el protagonista Stan recibe una tarjeta de crédito sin límite y le paga las deudas a todos los del pueblo reactivando la economía. Que los políticos, ávidos de memeces, encuentren la formula magistral para este “borrón y cuenta nueva”.