La empresa desarrollaba su actividad en el sector de energía renovable. En el momento de su constitución, realizó una importante inversión en activos para los que estructuró su financiación en la forma y coste que fue posible en su momento. Como es lógico, en el proyecto inicial quedan encajados los flujos de tesorería previsibles por ingresos, con los comprometidos en la financiación, de manera que el proyecto no necesitara más aportación de liquidez por parte del socio, que la inicialmente aportada como capital.

Con el transcurso del tiempo, el perfil inicial de tesorería del proyecto se ve distorsionado. Por una parte, los cambios regulatorios afectaron a los ingresos. Por otro lado, la existencia de una cláusula suelo en la financiación, bien asegurada contractualmente por la entidad financiera, la encareció respecto a la evolución de los tipos de interés de mercado. Como consecuencia, el periodo de recuperación de la inversión se desplazaba muy al final, los beneficios esperados se reducían y los accionistas se veían obligados a tener que afrontar unas aportaciones de financiación adicional a la prevista en el capital de inicio.

Resultaba necesario realizar una reestructuración en el ritmo de repago de la deuda. Pero igualmente, resultaba necesario eliminar o reducir el efecto de la cláusula suelo. El problema estaba en que la posición de la entidad financiera era totalmente cómoda, por lo que no tenía por qué cambiar sus condiciones. La solución se pudo encontrar calculando la posibilidad y coste de cancelar la financiación existente, sustituyéndola por otra adaptada a las nuevas condiciones del proyecto. Se salió al mercado a solicitar ofertas reales, lo que permitió tener fuerza suficiente para negociar con la entidad financiera existente, que lógicamente no deseaba perder un negocio sencillo, claro y rentable. Fue posible cambiar los términos de la financiación en cuanto a su cadencia de pagos de amortización adaptándolos a los ingresos, así como a un nuevo coste de mercado. El empresario pudo dejar de nuevo equilibrado su proyecto y la entidad financiera mantuvo su cuota y negocio, aunque sin la ventaja excepcional que le daba el contrato original.