El planteamiento de la empresa era que su única salida pasaba por la solicitud de concurso de acreedores. Tras el primer análisis realizado se llegó a dos conclusiones:

* Al estar en un sector de servicios donde la cartera recurrente era proporcionalmente reducida y la facilidad de cambio de proveedor por el cliente era elevada, el riesgo de desaparición resultaba extremo.

* La empresa tenía un negocio en el que operaba bien, con crecimiento moderado y expectativas de que continuar. Los problemas financieros que soportaba no se derivaban de su negocio, sino de operaciones societarias anteriores que estaban teniendo mala digestión pero que, aunque ya eran cosas pasadas, estaban a punto de estrangular la financiación de la empresa muy concentrada en el corto plazo.

* Efectivamente, si no se hacía nada, iniciar el proceso del concurso de acreedores era la única alternativa. Pero cabía la esperanza que ofrecía una buena base del negocio en que apoyarse.

El proyecto se desarrolló en los pasos siguientes:

* Se realizó un estudio detallado de los flujos de explotación del negocio y las variables financiaras de la empresa. Sobre ello, se realizaron unas proyecciones realistas e igualmente detalladas para determinar la capacidad de la empresa para digerir y llevar su deuda a niveles correctos.

* Se reunió a la dirección y accionistas para asumir realmente el plan, reconociendo las posibilidades de la empresa, siendo conscientes de la situación y como se podría salir de ella, pero siempre poniendo de manifiesto la realidad y reforzando la confianza en el negocio.

* A partir de ahí se a salió a explicar la realidad de la situación a bancos y acreedores, exponiendo sus consecuencias si no se actuaba, pero a su vez planteando el plan para reconducirla a niveles normales siempre sobre la buena base del negocio. Se realizó una ronda en este sentido ofreciendo la misma información a todos y repartiendo el esfuerzo de refinanciación de forma absolutamente equitativa.

En la mayor parte de los casos se pudo llegar a acuerdos de refinanciación en los que el acreedor no perjudicaba sus intereses, que fueron suficientes para que la empresa pudiese superar el punto de crisis. Mientras tanto, la empresa tenía tiempo necesario para seguir solidificando su negocio. En este caso, la empresa pudo evitar el concurso de acreedores, que hubiera sido letal dado su perfil de negocio.