Publicado en Diario Sur, 27/11/2011

Hasta el siglo XIX, los conceptos acerca del universo estuvieron dominados por la idea de inmutabilidad. Era la antigua tradición bíblica, expresada en el Eclesiastés: “Generación va y generación viene: más la tierra siempre permanece. Y sale el sol y pónese el sol y con deseo vuelve a su lugar donde torna a nacer … ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.

Ahora, muchas cosas parece que no son inmutables y requieren cambio. En economía y política todos sienten esta necesidad. Ante el precipicio nos debemos cuestionar todo.

Cuatro largos años llevo sin escribir. Un periplo concentrado en salir airoso de una crisis mil veces negada preelectoralmente en 2008 por ZP. Negar lo obvio es de humanos. También negó a Jesús San Pedro, primer sumo pontífice.

Esta crisis que nos ha envuelto como aquella inmensa nube de polvo liberada en Manhattan también nos ha hecho cambiar el concepto de las cosas. Si de algo nos hemos dado cuenta es de que la economía cambia bruscamente, esto es, en menos tiempo de lo que dura un lustro de la vida del hombre.

En política “habemus cambio”. Nos lo han anunciado las urnas. ¿Pero que necesita España? Lo que siempre ha necesitado, cuestionarse todo aquello que no necesita, eliminarlo o reformarlo. ¿Necesita 17 autonomías creando uno de los estados más ineficaces del mundo? No. ¿Necesita 8.116 ayuntamientos, 41 diputaciones, 7 cabildos y 4 consejos insulares? No. ¿Necesita tantos diputados y senadores? No ¿Necesita 4.000 empresas, fundaciones y consorcios públicos? No. ¿Necesita una jungla de casi 50 tipos de contratos de trabajo? No. ¿Necesita sindicatos y organizaciones empresariales viviendo del presupuesto? No. ¿Necesita seguir siendo un paraíso migratorio? No. ¿Necesita seguir educando a nuestros niños y jóvenes para la ignorancia y el vandalismo? No. ¿Necesita seguir difundiendo contenidos violentos o basura en los medios de comunicación? No. ¿Necesita seguir imponiendo a la sociedad un modelo ideológico materialista ahondado en el canallismo? No. ¿Necesita España seguir haciendo tonterías? No.

Abramos nuestro juicio a la cordura. Pongamos en marcha un choque de medidas radicalmente lógicas, que no nos de a los ciudadanos ni tiempo para protestar. ¿Quién las puede poner en marcha? No los políticos sino los estadistas. Desgraciadamente es pequeña la nómina. Quisiera ver a Rajoy ahí. Su primer discurso pidiendo la unión de todos me convenció.