Cuando la empresa es joven y ha tenido la suerte de encontrar un modelo de negocio de éxito que la empuja con un crecimiento fuerte, es normal que no se tenga el tiempo para atender los aspectos societarios, estructurales y organizativos que permitan proyectar el futuro sobre una base sólida. Este era el caso de nuestro cliente, que llegó a reconocer la necesidad de ayuda para hacer una reflexión que le permitiera ordenar las bases del negocio.

Tras un trabajo previo de análisis y reconocimiento de la situación, el trabajo se planificó en las fases siguientes:
• Estudio, revisión y concreción del modelo de negocio definiendo los objetivos que se deseaban alcanzar.
• Identificación de las estructuras ideales que eran coherentes con dicho modelo de negocio y su desarrollo futuro previsible:

  • Estructura de propietarios y acuerdos sociales.
  • Estructura societaria del conjunto del grupo.
  • Formato de administración y gobierno.
  • Estructura y forma de financiación.
  • Estructura de organización funcional.
  • Estructura de organización operativa.

• Elaboración de trabajos de soporte previos tales como valoraciones, revisión y puesta al día de obligaciones mercantiles y administrativas, elaboración de los contratos tipo fundamentales para el desarrollo de la actividad, etc.
• Establecimiento de un plan de acción para corregir las disfunciones entre el modelo objetivo y la realidad. De ahí surgieron múltiples acciones que se establecieron en un cronograma para dirigir su ejecución: Desde venta e intercambio de acciones a asignación de funciones a los socios, desde contratación de especialistas en determinadas funciones a implantación de contratos comerciales, desde cambios en el modelo de crecimiento a depuración de los criterios contables, etc.
• Revisión periódica del plan de acción.

Como consecuencia, la empresa ha pasado un periodo de reflexión y acción muy útil, porque ha estado enfocado a organizase sobre unas bases más seguras, desde las que poder afrontar su crecimiento futuro.